Equity

Essay fragment for Human Rights by Oana Maroti

Books and Walls

No pasa un día sin que oiga: «Vuelve a tu país», y así suele empezar el día. No me extraña que siempre lleve los auriculares puestos.

Con cada dificultad que enfrento en Cataluña, como inmigrante, hablar de ella solo empeora las cosas. Quejarse te excluye por completo.

Ya he aprendido un vocabulario xenófobo muy amplio, con insultos directos dirigidos a mí cuando sufro porque el sistema es como es. Una sociedad que inspira a escribir libros de terror, pero donde brilla por su ausencia el trato equitativo.

Nadie quiere ni necesita dinámicas xenófobas a su alrededor. Tales ofensas demuestran un bajo nivel educativo. Además de no reconocer a la víctima en una situación típica de inmigrante, nos burlamos de ella, la acusamos y, por defecto, la empujamos hacia lo impensable.

Hay muchos problemas en Cataluña, y aunque el ego sea grande, es fundamental crear un ambiente inclusivo y comprender los conceptos básicos de derechos humanos. Me acusarán de ofender a la gente de aquí… Solo estoy reaccionando a ofensas reiteradas que duraron más de una década y que constituyen una emergencia social y un problema de salud mental de grupo. A estas alturas me pregunto si existen personas no racistas en esta zona. No es una ofensa especial, así de grave es la situación.

Los que tienen que abandonar el lugar legalmente hablando son los racistas, ¡no la gente buena a la que odian sin motivo!

Después de una década viviendo en el mismo lugar, ese lugar forma parte de la memoria. En mi caso, conozco cada calle y cada esquina, cada escritor, poeta, músico, artista, árbol y estatua. Eso es interés por la cultura…una cultura que ningún racista local conoce mejor.

PS: Daca e sa ne batem in carti si cunostinte sunteti total pierduti!

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